Atención de salud para niños, niñas y adolescentes

La mayor parte de las consultas que recibo en mi práctica clínica son problemas de salud frecuentes pero que generan mucha incertidumbre en las familias: una fiebre que no cede, una tos que no termina, una erupción que apareció de un día para otro, un dolor abdominal recurrente, una conducta que preocupa.

Acompañar a las familias en estos momentos —con tiempo suficiente, decisiones basadas en evidencia y una comunicación clara— es el núcleo de mi trabajo como médico de familia con foco en infancia y adolescencia.

¿Qué problemas de salud trato?

Como médico de familia certificado por la Pontificia Universidad Católica de Chile, mi formación cubre el espectro completo de la patología ambulatoria habitual en pacientes de 0 a 19 años. Los motivos de consulta más frecuentes en mi consulta son:

  • Infecciones respiratorias agudas: resfríos, faringoamigdalitis, otitis media aguda, bronquitis, bronquiolitis, neumonías de manejo ambulatorio, sospecha de COVID-19, influenza y virus respiratorio sincicial. En cada caso evalúo si el cuadro requiere antibiótico (la mayoría no lo necesita), si conviene un examen complementario o si la mejor decisión clínica es observar la evolución.
  • Problemas gastrointestinales: cólicos del lactante, reflujo gastroesofágico, vómitos y diarrea aguda, constipación, dolor abdominal recurrente, sospecha de alergia alimentaria, parasitosis. En muchos casos el manejo es educativo y nutricional; en otros se requiere estudio o derivación a gastroenterología infantil.
  • Alergias y enfermedades atópicas: rinitis alérgica, dermatitis atópica, urticaria, asma bronquial leve a moderado, sospecha de alergias alimentarias. Ofrezco manejo inicial y coordino derivación a inmunología o broncopulmonar cuando es necesario.
  • Alteraciones de piel: dermatitis del pañal, dermatitis seborreica, eczemas, infecciones cutáneas comunes, lesiones por picaduras, pediculosis, sarna, acné en adolescentes. La mayoría de estos cuadros se resuelven en una o dos consultas.
  • Síntomas inespecíficos y salud mental: fatiga persistente, cefaleas recurrentes, trastornos del sueño, ansiedad, ánimo bajo en adolescentes. Realizo una primera evaluación clínica y, cuando corresponde, coordino derivación a salud mental infanto-juvenil.

Mi enfoque clínico

La medicina de familia tiene una orientación particular: no solo trato el síntoma puntual, sino que considero al niño o adolescente dentro de su contexto. Pregunto por el sueño, la alimentación, la dinámica escolar, la familia, los cuidadores y los factores que pueden estar influyendo en lo que motivó la consulta. Esa mirada integral suele permitir detectar problemas que un enfoque puramente sintomático puede pasar por alto. En cada consulta priorizo cinco elementos: una anamnesis cuidadosa, tomando el tiempo necesario para escuchar al niño y a sus cuidadores; un examen físico completo y sistemático; decisiones clínicas basadas en evidencia actualizada y en las guías chilenas vigentes (MINSAL, Sociedad Chilena de Medicina Familiar y de Pediatría) y referentes internacionales (American Academy of Pediatrics, NICE); explicaciones claras a la familia sobre el diagnóstico, las opciones terapéuticas y el pronóstico esperado; y educación sobre signos de alarma que justifican consultar nuevamente o acudir a urgencias.

Cómo es una consulta conmigo.

Las consultas duran aproximadamente 30 minutos, lo que permite revisar con calma el motivo principal y atender también dudas habituales sobre alimentación, sueño, conducta o vacunas cuando corresponde. En la consulta presencial realizamos anamnesis dirigida y examen físico completo; si se necesitan exámenes complementarios, ecografías o derivación, entrego las órdenes en el momento, y las recetas y certificados quedan disponibles de forma digital o impresa.

En modalidad de telemedicina, atiendo problemas que no requieren examen físico estricto: seguimientos, dudas, ajustes de tratamiento, salud mental, consejería en crianza.

Cuándo conviene consultar

Algunas señales que indican que conviene una evaluación ambulatoria: fiebre alta sostenida o acompañada de síntomas que preocupan; tos persistente, dificultad respiratoria o sibilancias; vómitos o diarrea con signos de deshidratación; lesiones cutáneas que no mejoran o se extienden; cambios significativos en la conducta, el ánimo o el rendimiento escolar; dolores recurrentes que interfieren con la vida cotidiana. Ante signos de gravedad —dificultad respiratoria intensa, compromiso de conciencia, fiebre alta en lactantes menores de 3 meses, deshidratación severa— acude directamente al servicio de urgencias más cercano; la consulta ambulatoria no reemplaza la atención de urgencia cuando hace falta.